Recorriendo en coche una oscura carretera,
me descubro mirando hacia los lados,
buscando caminos poco transitados,
imaginando lugares donde parar un coche,
para amarse.
Y me vienes a la cabeza tú,
el culpable de esa manía,
el único con el que hice eso:
Buscar rincones oscuros donde perdernos,
el uno en el cuerpo del otro,
dentro de tu viejo coche,
que nos hacía de cómplices,
como la oscuridad.
Éramos tan jóvenes,
nos teníamos tantas ganas...
Me llevabas a ver despegar los aviones,
a la orilla del mar
y yo miraba todo
a través de las ventanillas empañadas
por los vapores que emitían nuestras bocas
y nuestros cuerpos calientes.
No podía ser más feliz,
no me hacía falta nada más
que tú y esa cafetera con ruedas.
Luego he visto animales muertos
al borde de la carretera:
he recordado el vacío de tus ojos,
mis lágrimas,
tus súplicas...
el fin de nuestra relación,
atropellada como ellos.
Y he despertado de mis ensoñaciones,
y he seguido mirando al frente.
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