Las palabras últimamente se quedan retenidas entre mis dedos. No fluyen como antes.
Dejaron de fluir cuando me di cuenta de que me estaba autocensurando.
Borré canciones, borré frases que había escrito... por miedo a haber mostrado demasiado de mí,
a ser reconocida por alguien que me conociera en profundidad.
Pero eso no tiene sentido: este es mi espacio y una parte de mí está esparcida sin control,
sin orden, en cada coma, en los puntos suspensivos, en la música, en las cosas que digo,
en los huecos en blanco, en las cosas que se intuyen pero no se terminan de decir.
Lo mismo no es el miedo a perder el anonimato, sino a descubrir cosas en mí que me
desconcierten o me desagraden. A mostrarme desnuda, vulnerable a las críticas.
A mis feroces críticas.
No me gusta leer lo que escribo porque lo suelo encontrar
en ocasiones ridículo, otras ñoño... Habrá que aceptar que son jirones de mí, de mis
pensamientos o sentimientos más o menos reales.
Que soy en ocasiones ridícula, otras ñoña, pero lo que nunca debo de hacer es dejar de
mostrarme como soy o actuar como siento.
Aunque hoy no surjan las palabras como me gustaría, siempre hay una canción que puede
ahorrarme el esfuerzo de explicar lo que quiero.