Me doy cuenta de que no tengo nada que ocultar ni temer,
nada de lo que avergonzarme.
Cabeza alta.
Soy lo que ves, lo que lees, pecho abierto, corazón sobre la mesa.
Dame la vuelta, saca mis entrañas, retuérceme, seguiré siendo lo mismo.
Quiero ser transparente, que los cuchillos pasen a través de mí.
Si no te gusta, olvídame.
Me siento tranquila y arropada.
Siempre lo he estado.
Abro los ojos.
Abre los ojos.
Sonrisas.
Nada que temer, ese es un buen comienzo.
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