con esos pensamientos tan grises rondando mi cabeza.
Pensando en muerte, enfermedad, sin razón aparente.
Y voy a hacerme una revisión y algo no marcha bien...
Hasta que no tenga los resultados de algunas pruebas
no sabré si es para preocuparse o no pero está claro que
algo en mi cuerpo no funciona.
Cuando se lo conté a mi madre al salir del médico pude
ver en su cara que ella se asustó al oírlo, que los ojos se le
humedecieron. Porque la maldita palabra cáncer, esa jodida
enfermedad que hace poco más de un año se llevó a
alguien joven de mi familia, está muy presente. Sabemos del
alcance, el dolor, el sufrimiento, la lucha perdida...
Y aunque puede ser una cosa común a la que no prestar
atención: "Un caso de doscientos es un cáncer" me dice el doctor.
La putada es que ese UNO es alguien y hasta que no te toca
te crees a salvo entre los ciento noventa y nueve restantes,
pero puedes ser tú. Puedo ser yo.
Finjo no darle importancia y pienso lo mínimo en ello,
porque cuando lo hago he de reconocer que tengo miedo.
Pero me evado haciendo millones de planes para dentro de
un mes, de cinco... Porque si tengo esa mierda dentro,
no quiero parar.
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