Recorrer sola caminos que hice de tu mano,
calles conocidas pero que siempre recorro
con ilusión y curiosidad, como si fueran nuevas
y parar a fumar unos cigarros
con el sol acariciando mi cara
sentada en el mismo banco donde estuve contigo,
casualidad,
sintiendo las manos frías contra la piedra
y el corazón muy caliente.
"No hay pena más grande en el mundo que ser ciego en Granada"
y yo terminé de recuperar la vista allí en uno de los lugares más
bonitos del mundo y no pude evitar sentirme feliz mientras veía
elevarse el humo de mi cigarro sobre la Alhambra.
Y guardo esa sensación en el pecho que nadie me puede arrebatar.
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