lunes, 25 de octubre de 2010

Estoy a punto...






de dar un gran salto, 
que va a cambiar mi vida...

Y sigo anclada al pasado, 
a recuerdos que hieren.
Cada vez más superficialmente,
como espinas de rosas 
cuyos pétalos 
ya se marchitaron hace tiempo
pero que eres incapaz 
de tirar a la basura 
porque aún recuerdas
que un día
fueron muy hermosas,
tal vez un regalo de
alguien que te quiso
y te hizo feliz tenerlas
entre tus manos, 
olerlas, 
acariciar la suavidad de su cuerpo.
Ya no son bellas, 
son sólo eso, basura 
que no merece  la pena guardar. 
Destacan las espinas
en las que antes 
no reparabas 
y ahora 
sobresalen fuertes,
desfiantes...
ya no queda suavidad,
si te rozan te arañan, 
te hieren... 
La herida puede ser superficial,
pero escuece...


Dicen que crecer es aprender a renunciar, no sé hasta que punto eso es cierto o es de manual de psicología barata, pero tal vez sí que haya que ir soltando equipaje y arrojando cosas por el camino para no llevar demasiado peso y fallar estrepitósamente en ese gran salto que vas a dar; estampándote contra el frío asfalto.

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