Cambios,
cambios,
cambios.
Acabo de escuchar por segunda vez esta semana,
de personas distintas, que me encuentran cambiada.
Que hacía mucho que no me veían tan feliz (sea lo que sea "eso"),
contenta...
Una de ellas se atrevió a decirme que dejar a la que era mi pareja
fue la decisión más acertada que podía tomar.
Que nuestra relación estaba condenada al fracaso...
Me resultó algo triste escucharlo, pero no podía estar más de acuerdo.
Durante años se dedicó en cuerpo y alma a mi,
pero yo no supe quererle como él lo hacía,
colmarle de atenciones, detalles...
Lo intenté con todas mis fuerzas: enamorarme.
Y me sentía tan tan culpable por no conseguirlo...
Hasta que llegué a la conclusión que "enamorarse"
no se intenta, ni se practica, ni se aprende.
Lo sientes o no lo sientes.
Y no lo puedes definir,
pero lo sientes,
en el estómago,
en la cabeza,
recorre tu cuerpo.
Es una sensación rara, como una enfermedad
no contagiosa (aunque cuando miro a mi alrededor,
parece que lo sea...)
Lo extraño es que a veces te la diagnostican
antes de que notes los síntomas...
Y tiene cura, pero es tan dolorosa,
que algunos nos ponemos todas las barreras
que se nos ocurren para evitar cogerla.
Después de él llegaste tú,
pero tú eres otra historia.
Me pillaste con las defensas bajas,
estabas cultivando el virus en mi;
pero por el tiempo de exposición
y aunque me han quedado pequeñas secuelas,
casi imperceptibles,
creo que te he superado bastante bien...
No hay comentarios:
Publicar un comentario