Y me subo en la moto,
arremangándome el vestido que se queda a mitad de los muslos.
No le parece una buena idea llevarme por si enseño más de lo "adecuado".
Sin embargo, no podría imaginarse lo que me excita a mi ir montada en esa moto,
con unas cervezas de más y un poco de vergüenza de menos. Con las bragas directamente sobre el sillín.
Con cada frenada mis pechos rozan su espalda, evito pegarme para no incomodarle demasiado;
él siempre es tan correcto...
Sueño por la noche que nos besamos sin parar, sólo eso... dulce, lento, sin parar...
y me despierto nerviosa.
Sé por su forma de despedirse que él también disfrutó del paseo pero me quiere seguir viendo como a una hermana, su amiga de hace años...
Hay algo que me dice que tiene tantas ganas de darme esos besos como yo a él: cómo me mira a los ojos,
cómo me mira cuando cree que no me doy cuenta, cómo se despidió nervioso, sofocado, ¿cachondo como yo?
Entre nosotros hay algo pendiente...
Y, ¿no ve que mañana podríamos estar muertos?
Tal vez podríamos estropear una buena amistad, pero también mejorarla dando un paso más allá, ¿no?
¿Qué hay más íntimo que hacerse confidencias desnudos después de haber sudado juntos?
Yo sólo sé que cuando bajé de la moto esperé no haber dejado húmedo el sillín y que el hombre correcto lo notara...
No quiero quedarme con las ganas , pero tampoco forzar nada....
Ya puse las cartas sobre la mesa.
Esperaré, no hay prisa...
Aunque espero que pronto despierte y me busque como yo quiero, que acepte mi oferta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario